LA DAMA DEL ARMIÑO – Antonio Cavanillas de Blas

—¿Por qué hay tan pocas mujeres poetisas, maestro? —le pregunté una vez—. ¿Es verdad que los hombres son más inteligentes que las mujeres?

Quedó pensativo un momento, quizá eligiendo las palabras, pues como hombre sabio era parco en ellas.

—Mujeres poetisas ha habido siempre, y grandes, como Sapho, griega de Mitilene en la isla de Lesbos —respondió—. Otra cosa es que sus obras hayan trascendido. Y en cuanto a inteligencia, te diré lo que sé: como investigador del cuerpo humano en innúmeras disecciones cadavéricas, puedo afirmar que el cerebro humano es idéntico en todas las razas, no existiendo diferencias por el sexo. Varían los tamaños, pero el aspecto macroscópico es el mismo.

—¿Qué es macroscópico, maestro?

—Es término griego referido a lo que puede observarse a simple vista. Lo microscópico sería lo visto con lentes de aumento, lo que el ojo no puede discernir. Puedo asegurarte que la inteligencia en la fémina es exacta a la del varón. Ocurre que el hombre emplea la fuerza bruta, os sometemos y os hacemos creer que valéis menos que nosotros desde el punto de vista intelectual, engañifa tan burda que se cae por su peso. Son cientos los ejemplos de mujeres sabias en el mundo. Hipatia de Alejandría era tan docta en matemáticas como Tales de Mileto, y la reina de Saba, negra por cierto, gobernaba con la sabiduría de diez reyes.

SINOPSIS

Un apasionante relato que narra la intensa vida de Cecilia Gallerani en su Siena natal, su paso por la corte de Lorenzo el Magnífico, en Florencia, su estancia en Lucca y Milán y por fin, tras sus avatares como amante a los dieciséis años del duque Sforza, sus relaciones con Leonardo da Vinci, personaje que retrata a nuestra protagonista en la obra La dama del armiño y en el cual, al lado de la protagonista, se centra la novela. Tras abandonar la corte milanesa al matrimoniar Ludovico el Moro con Beatriz D’Este, se repasa la vida de casada de Cecilia con el conde Ludovico Carminati, sus conexiones con las cortes de Mantua y Ferrara (los Gonzaga y Este respectivamente), para terminar sus días, ya condesa viuda, en el castillo de San Giovanni in Croce y contar sabrosas experiencias donde salen a relucir las figuras más destacadas de una época fantástica e irrepetible, desde Miguel Ángel, Tiziano y Donatello a Alejandro VI, César y Lucrecia Borgia, Andreas Wessel y su hijo Andrés Vesalio, Ascanio y Caterina Sforza, Gonzalo Fernández de Córdoba y los Reyes Católicos, Carlos VIII, Luis XII y Francisco I de Francia, el emperador Maximiliano de Habsburgo, su nieto Carlos V y Martín Lutero, por citar solo a los más notables. La novela describe la gestación de los retratos del inmortal Leonardo, que únicamente pintó a mujeres, haciendo hincapié en La Dama del Armiño y en la Gioconda, con un atractivo apéndice relativo al reciente descubrimiento en el madrileño museo del Prado de una segunda versión —que no copia— del retrato de Lisa Gherardini, la célebre Monalisa del museo del Louvre.

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